“No se puede pretender por una legislación que el hombre viva sin su culpa, sujeto al martirio del hambre donde hay alimentos, la ley seria inicua y contraria a las leyes ineludibles de la naturaleza, sea que se considere la sociedad como originada de un pacto, porque nadie puede pactar un suicidio, o sea como yo creo, un hecho nacido de la necesidad de vivir el hombre en sociedad, pero no puede haber sociedad si uno de los socios se muere.”
viernes, 11 de julio de 2008
Las desapariciones
Fragmento de "Espejos. Una historia casi universal" de Eduardo Galeano
Miles de muertos sin sepultura deambulan por la Pampa argentina. Son los desaparecidos de la última dictadura militar.
La dictadura del general Videla aplicó en escala jamás vista la desaparición como arma de guerra. La aplicó, pero no la inventó. Un siglo antes, el general Roca había utilizado contra los indios esta obra maestra de la crueldad, que obliga a cada muerto a morir varias veces y que condena a sus queridos a volverse locos persiguiendo su sombra fugitiva.
En Argentina, como en toda América, los indios fueron los primeros desaparecidos. Desaparecieron antes de aparecer. El general Roca llamó conquista del desierto a su invasión de las tierras indígenas. La Patagonia era un espacio vacío, un reino de la nada, habitado por nadie.
Y los indios siguieron desapareciendo después. Los que se sometieron y renunciaron a la tierra y a todo fueron llamados indios reducidos: reducidos hasta desaparecer. Y los que no se sometieron y fueron vencidos a balazos y sablazos, desaparecieron convertidos en números, muertos sin nombre, en los partes militares. Y sus hijos desaparecieron también: repartidos como botín de guerra, llamados con otros nombres, vaciados de memoria, esclavitos de los asesinos de sus padres.